Huiré como animal asediado
de la exasperación de tu noche.
Tus ojos tristes como la luna
morderán mi azucarada canción.
Tu música exaltará mi lluvia
y tendré dichosa melancolía
de tu ajena y remota mirada.
Si yo fuera el etéreo silencio
estaría en el fin de tu espalda
y me quedaría dócil y ardiente.